Cual es errónea Americana o Amerricana?
La palabra correcta es Americana. Sin Embargo Amerricana se trata de un error ortográfico.
La falta ortográfica detectada en la palabra amerricana es que se ha eliminado o se ha añadido la letra r a la palabra americana
Más información sobre la palabra Americana en internet
Americana en la RAE.
Americana en Word Reference.
Americana en la wikipedia.
Sinonimos de Americana.
Algunas Frases de libros en las que aparece americana
La palabra americana puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 346
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Mira, Ferminillo--decía don Pablo;--todos esos claros los voy a plantar de vid americana. Con esto, y, sobre todo, con el auxilio de Dios, ya verás como la cosa marcha bien. El Señor está con los que le aman. ...
En la línea 749
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... Marchamalo volvía a ser lo que en sus tiempos más famosos, gracias a la iniciativa de don Pablo. La filoxera había matado muchas de las cepas que eran la gloria de la casa Dupont, pero el actual jefe había plantado en las vertientes desoladas por el parásito la vid americana, una innovación nunca vista en Jerez, y el famoso predio volvería a sus tiempos gloriosos sin miedo a nuevas invasiones. Para esto era la fiesta; para que la bendición del Señor cubriese con su eterna protección las colinas de Marchamalo. ...
En la línea 766
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... --Con franqueza, don Ramón, ¿en quién cree usted más? ¿en la vid americana, o en las bendiciones que ese padre les echará a las cepas?... ...
En la línea 792
del libro La Bodega
del afamado autor Vicente Blasco Ibañez
... después de haberlas plantado de vid americana. ...
En la línea 389
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Por fin puedo comprar un poco de galleta. Desde hace varios días no como más que carne; este nuevo régimen no me disgusta, pero me parece que sólo podría soportarlo a condición de hacer un ejercicio violento. He oído decir que en Inglaterra, enfermos a quienes se ordena una alimentación exclusivamente animal, apenas pueden decidirse a someterse a ella, ni aun con la esperanza de prolongar la vida. Sin embargo, los gauchos de las Pampas no comen sino vaca durante meses enteros. Pero he observado que toman una gran cantidad de grasa, que es de naturaleza menos animal y aborrecen particularmente la carne magra como la del agutí. El doctor Richardson6, ha 5 FALCONER: Patagonia, pág. 70 6 Fauna boreal-americana, tomo I, pág. 35 notado también que «alimentándose por largo tiempo exclusivamente de carne magra, se experimenta un deseo tan irresistible de comer gordura, que se puede consumir una cantidad considerable hasta de grasa oleosa, sin sentir náuseas»; esto me parece un hecho fisiológico muy curioso. Quizá como consecuencia de su dieta exclusivamente animal, es por lo que los gauchos, como todos los demás carnívoros, pueden abstenerse de alimento durante mucho tiempo. Me han asegurado que en Tandeel unos soldados persiguieron voluntariamente a una tropa de indios por espacio de tres días, sin comer ni beber. ...
En la línea 466
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Una, un pequeño «martín pescador» (Ceryle americana), tiene la cola más larga que la especie europea. Por eso no se sostiene tan derecha. Su vuelo, en vez de ser directo y rápido como una flecha, es perezoso y ondulante como el de las aves de pico blando. ...
En la línea 516
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... Los que le perseguían viéronse obligados a pasar delante de él, no pudiendo contener a sus cabalgaduras. Lanzose inmediatamente en persecución de ellos, hundió su cuchillo en la espalda de uno de los ladrones e hirió al otro, recobró su caballo y se volvió a su casa. Para conseguir resultados tan perfectos se necesitan dos cosas: un bocado muy potente (como el de los mamelucos), el cual se usa rara vez, pero cuya fuerza conoce el caballo con exactitud; y unas inmensas espuelas romas, con las que se puede rozar nada más la piel del caballo o causarle violento dolor. Con espuelas inglesas, que hieren la piel en cuanto la tocan, creo que sería imposible amaestrar un caballo a la americana. ...
En la línea 1339
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... tos indios son bastante altos, tienen los pómulos salientes, y por el conjunto de su aspecto se parecen a la gran familia americana a que en realidad pertenecen; pero encuentro alguna diferencia entre su fisonomía y la de todas las demás tribus que hasta ahora he visto ...
En la línea 3186
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Aquel garrote, la sencilla americana y el hongo flexible de anchas alas eran la garantía de su popularidad en las aldeas. ...
En la línea 12266
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... A su derecha tenía Trabuco a Joaquín Orgaz que hablaba sin cesar con su pareja, una americana muy rica y muy perezosa. ...
En la línea 2922
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Por fin, en un momento en que Maxi iba de Sur a Norte vio, a bastante distancia, a un hombre que salía de la casa. Era él, Santa Cruz, el mismo, vestido de americana y hongo. Detúvose en la puerta buscando con la vista su carruaje. Las dos luces brillaban allá arriba. Dirigiose hacia Cuatro Caminos… Detrás, avivando el paso, el odio personificado en Maximiliano. ...
En la línea 2937
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Dos hombres le llevaban calle abajo, cada cual agarrándole de un brazo, y él, mirando con estupidez a sus conductores, repetía:—¡machacárselo!—. A ratos se paraba, prorrumpiendo en risas de demente. Ya cerca de la iglesia aparecieron dos individuos de Orden Público, que viendo a Maxi en aquel estado, le recibieron muy mal. Pensaron que era un pillete, y que los golpes que había recibido le estaban muy bien merecidos… Le cogieron por el cuello de la americana con esa paternal zarpa de la justicia callejera. «¿Qué tiene usted?» le preguntó uno de ellos, mal humorado. Maxi contestó con la misma risa insana y delirante; viendo lo cual el polizonte, apretó la zarpa, como expresión de los rigores que la justicia humana debe emplear con los criminales. ...
En la línea 3251
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... —¡Cuánto sabes!—Más sabes tú… No, no, más sé yo. En la desgracia se aprende… Muchas veces me callo por no escandalizar; pero por dentro siento algo que me está rallando así, así… muele que te muele… ¡Pues tengo yo un olfato… ! Cuando estás faltoncito, si no lo conociera por otras cosas, lo conocería por el perfume que traes algunas veces en la ropa… Otro dato: Una noche traías en el pañuelo de seda del cuello, ¿qué crees?, pues un cabello negro, grande. Lo saqué con las puntas de los dedos y lo estuve mirando. Me daba tanto asco como si me lo hubiera encontrado en la sopa. No chisté. Otra noche dijiste en sueños palabras de las que se dicen cuando un hombre se pega con otro. Yo me asusté. Fue aquella noche que entraste muy nervioso y con un dolor en el brazo. Tuve que ponerte árnica. Me contaste que viniendo no sé por dónde te salió un borracho, y tuviste que andar a trompazos con él. Traías tierra en la americana azul. Toda la noche estuviste muy inquieto, ¿no te acuerdas? ...
En la línea 4435
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Y el pianito sigue tocando aires populares, que parecen encender con sus acentos de pelea la sangre de toda aquella chusma. Varias mujeres que tienen en la cuneta puestos ambulantes de pañuelos, recogen a escape su comercio, y lo mismo hacen los de la gran liquidación por saldo, a real y medio la pieza. Un individuo que sobre una mesilla de tijera exhibe el gran invento para cortar cristal, tiene que salir a espeta perros; otro que vende los lápices más fuertes del mundo (como que da con ellos tremendos picotazos en la madera sin que se les rompa la punta), también recoge los bártulos, porque la mula delantera se le va encima. Fortunata mira todo esto y se ríe. El piso está húmedo y los pies se resbalan. De repente, ¡ay!, cree que le clavan un dardo. Bajando por la calle Imperial, en dirección al gran pelmazo de gente que se ha formado, viene Juanito Santa Cruz. Ella se empina sobre las puntas de los pies para verle y ser vista. Milagro fuera que no la viese. La ve al instante y se va derecho a ella. Tiembla Fortunata, y él le coge una mano preguntándole por su salud. Como el pianito sigue blasfemando y los carreteros tocando, ambos tienen que alzar la voz para hacerse oír. Al mismo tiempo Juan pone una cara muy afligida, y llevándola dentro del portal del Fiel Contraste, le dice: «Me he arruinado, chica, y para mantener a mis padres y a mi mujer, estoy trabajando de escribiente en una oficina… Pretendo una plaza de cobrador del tranvía. ¿No ves lo mal trajeado que estoy?» Fortunata le mira, y siente un dolor tan vivo como si le dieran una puñalada. En efecto; la capa del señorito de Santa Cruz tiene un siete tremendo, y debajo de ella asoma la americana con los ribetes deshilachados, corbata mugrienta, y el cuello de la camisa de dos semanas… Entonces ella se deja caer sobre él, y le dice con efusión cariñosa: «Alma mía, yo trabajaré para ti; yo tengo costumbre, tú no; sé planchar, sé repasar, sé servir… tú no tienes que trabajar… yo para ti… Con que me sirvas para ir a entregar, basta… no más. Viviremos en un sotabanco, solos y tan contentos». ...
En la línea 2286
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Llamaron mi atención unos aguafuertes colgados en la pared que no había observado durante mi primera visita. Eran retratos, retratos de esos grandes hombres históricos cuya existencia no ha sido más que una permanente y abnegada entrega a un gran ideal: Kosciusko, el héroe caído al grito de Finis Poloniae; Botzaris, el Leónidas de la Grecia moderna; O'Connell, el defensor de Irlanda; Washington, el fundador de la Unión americana; Manin, el patriota italiano; Lincoln, asesinado a tiros por un esclavista, y, por último, el mártir de la liberación de la raza negra, John Brown, colgado en la horca, tal como lo dibujó tan terriblemente el lápiz de Victor Hugo. ...
En la línea 2287
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... ¿Qué lazo existía entre aquellas almas heroicas y la del capitán Nemo? ¿Desvelaba tal vez aquella colección de retratos el misterio de su existencia? ¿Era tal vez el capitán Nemo un campeón de los pueblos oprimidos, un liberador de las razas esclavas? ¿Había participado en las últimas conmociones políticas y sociales del siglo? ¿Había sido tal vez uno de los héroes de la terrible guerra americana, guerra lamentable y para siempre gloriosa? ...
En la línea 2484
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Habíamos recorrido cerca de trece mil leguas desde nuestra partida de los altos mares del Pacífico. Nos hallábamos entonces a 45º 37' de latitud Sur y a 37º 53' de longitud Oeste. Eran los mismos parajes en los que el capitán Denham, del Herald, había largado catorce mil metros de sonda sin hallar fondo. Los mismos también en los que el teniente Parcker, de la fragata americana Congress, no había podido hallar los fondos submarinos a quince mil ciento cuarenta metros. ...
En la línea 3053
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Cuando las últimas cumbres de las Malvinas desaparecieron en el horizonte, el Nautilus se sumergió a unos veinte o veinticinco metros de profundidad y continuó bordeando la costa americana. ...
En la línea 1288
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Sin duda, el aspecto de Piotr Petrovitch tenía un algo que justificaba el calificativo de novio que acababa de aplicársele tan gentilmente. Desde luego, se veía claramente, e incluso demasiado, que Piotr Petrovitch había aprovechado los días que llevaba en la capital para embellecerse, en previsión de la llegada de su novia, cosa tan inocente como natural. La satisfacción, acaso algo excesiva, que experimentaba ante su feliz transformación podía perdonársele en atención a las circunstancias. El traje del señor Lujine acababa de salir de la sastrería. Su elegancia era perfecta, y sólo en un punto permitía la crítica: el de ser demasiado nuevo. Todo en su indumentaria se ajustaba al plan establecido, desde el elegante y flamante sombrero, al que él prodigaba toda suerte de cuidados y tenía entre sus manos con mil precauciones, hasta los maravillosos guantes de color lila, que no llevaba puestos, sino que se contentaba con tenerlos en la mano. En su vestimenta predominaban los tonos suaves y claros. Llevaba una ligera y coquetona americana habanera, pantalones claros, un chaleco del mismo color, una fina camisa recién salida de la tienda y una encantadora y pequeña corbata de batista con listas de color de rosa. Lo más asombroso era que esta elegancia le sentaba perfectamente. Su fisonomía, fresca e incluso hermosa, no representaba los cuarenta y cinco años que ya habían pasado por ella. La encuadraban dos negras patillas que se extendían elegantemente a ambos lados del mentón, rasurado cuidadosamente y de una blancura deslumbrante. Su cabello se mantenía casi enteramente libre de canas, y un hábil peluquero había conseguido rizarlo sin darle, como suele ocurrir en estos casos, el ridículo aspecto de una cabeza de marido alemán. Lo que pudiera haber de desagradable y antipático en aquella fisonomía grave y hermosa no estaba en el exterior. ...
En la línea 1447
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... De pronto, alguien se sentó a su lado y él le dirigió una mirada. Era Zamiotof, Zamiotof en persona, con la misma indumentaria que llevaba en la comisaría. Lucía sus anillos, sus cadenas, sus cabellos negros, rizados, abrillantados y partidos por una raya perfecta. Llevaba su maravilloso chaleco, su americana un tanto gastada y su camisa no del todo nueva. Parecía de excelente humor, pues sonreía afectuosamente. El champán había coloreado su cetrino rostro. ...
En la línea 4556
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Después de haber contemplado atentamente este cuadro, Svidrigailof dejó su puesto de observación y volvió a sentarse en la cama. Al traerle el té y la carne, el harapiento mozo no pudo menos de volverle a preguntar si quería alguna otra cosa, pero de nuevo recibió una respuesta negativa y se retiró definitivamente. Svidrigailof se apresuró a tomarse un vaso de té para entrar en calor. Pero no pudo comer nada. Empezaba a tener fiebre y esto le quitaba el apetito. Se despojó del abrigo y de la americana y se introdujo entre las ropas del lecho. Se sentía molesto. ...
En la línea 4602
del libro Crimen y castigo
del afamado autor Fyodor Mikhailovich Dostoyevsky
... Se incorporó y advirtió, indignado, que tenía el cuerpo dolorido. En el exterior reinaba una espesa niebla que impedía ver nada. Eran cerca de las cinco. Había dormido demasiado. Se levantó, se puso la americana y el abrigo, húmedos todavía, palpó el revólver guardado en el bolsillo, lo sacó y se aseguró de que la bala estaba bien colocada. Luego se sentó ante la mesa, sacó un cuaderno de notas y escribió en la primera página varias líneas en gruesos caracteres. Después de leerlas, se acodó en la mesa y quedó pensativo. El revólver y el cuaderno de notas estaban sobre la mesa, cerca de él. Las moscas habían invadido el trozo de carne que había quedado intacto. Las estuvo mirando un buen rato y luego empezó a cazarlas con la mano derecha. Al fin se asombró de dedicarse a semejante ocupación en aquellos momentos; volvió en sí, se estremeció y salió de la habitación con paso firme. Un minuto después estaba en la calle. Una niebla opaca y densa flotaba sobre la ciudad. Svidrigailof se dirigió al Pequeño Neva por el sucio y resbaladizo pavimento de madera, y mientras avanzaba veía con la imaginación la crecida nocturna del río, la isla Petrovski, con sus senderos empapados, su hierba húmeda, sus sotos, sus macizos cargados de agua y, en fin, aquel árbol… Entonces, indignado consigo mismo, empezó a observar los edificios junto a los cuales pasaba, para desviar el curso de sus ideas. ...
En la línea 257
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Diciendo esto, introdujo la diestra en el bolsillo de su americana, y sacó unos papeles grasientos y verdosos, cuya vista despejó al punto el perruno entrecejo del empleado, que al recibir el billete bajó dos o tres tonos el diapasón de su bronca voz. ...
En la línea 418
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Entonces ya la niña, comprendiendo, y descolorida y turbada, le asió de la manga de la americana, exclamando: ...
En la línea 520
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Estaba éste en mangas de camisa, terminando sus operaciones de tocador, y al oír que llamaban, enjugose aprisa manos y rostro, se echó por los hombros la americana y fue a abrir. ...
En la línea 532
del libro Un viaje de novios
del afamado autor Emilia Pardo Bazán
... Y Artegui embutió los brazos en los de su americana, y echó mano al sombrero. ...
En la línea 1303
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Desde el sitio elevado que ocupaba, Picaporte observaba con curiosidad la gran ciudad americana: anchas calles; casas bajas bien alineadas; iglesias y templos de estilo gótico anglo sajón; docks inmensos; depósitos como palacios, unos de madera, otros de ladrillo; en las calles muchos coches, ómnibus, tranvías y las aceras atestadas, no sólo de americanos y europeos, sino de chinos e indianos con que componer una población de doscientos mil habitantes. ...
En la línea 1361
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En 1862 fue cuando, a pesar de la oposición de los diputados del Sur, que querían una línea más meridional, se fijó el trazado del ferrocarril entre los 41 y 42 grados de latitud. El presidente Lincoin, de tan sentida memoria, fijó, por sí mismo, en el Estado de Nebraska, la ciudad de Omaha, como cabeza de línea del nuevo camino. Los trabajos comenzaron en seguida, y se prosiguieron con esa actividad americana, que no es papelera ni oficinesca. La rapidez de la mano de obra no debía, en modo alguno, perjudicar la buena ejecución del camino. En el llano se avanzaba a razón de milla y media por día. Una locomotora, rodando sobre los raíles de la víspera, traía los del día siguiente y corría sobre ellos a medida que se iban colocando. ...
En la línea 1404
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... A las dos, los viajeros se apeaban en la estación de Odgen. El tren no debía marchar hasta las seis. Mister Fogg, mistress Aouida y sus dos compañeros tenían, por consiguiente, tiempo para ir a la Ciudad de los Santos, por un pequeño ramal que se destaca de la estación de Odgen. Dos horas bastaban apenas para visitar esa ciudad completamente americana, y como tal, construida por el estilo de todas las ciudades de la Unión; vastos tableros de largas líneas monótonas, con la tristeza lúgubre de los ángulos rectos, según la expresión de Víctor Hugo. El fundador de la Ciudad de los Santos, no podía librarse de esa necesidad de simetría que distingue a los anglosajones. En este singular país, donde los hombres no están, ciertamente, a la altura de las instituciones, todo se hace cuadrándose; las ciudades, las casas y las tolderías. ...
En la línea 1481
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... Picaporte estaba asustado, si bien se hallaba dispuesto a intentarlo toda para pasar el Medicine Creek; pero la tentativa le parecía demasiado americana. ...
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Las Reglas Ortográficas de la R y la RR
Entre vocales, se escribe r cuando su sonido es suave, y rr, cuando es fuerte aunque sea una palabra derivada o compuesta que en su forma simple lleve r inicial. Por ejemplo: ligeras, horrores, antirreglamentario.
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