Cual es errónea Accidentes o Aczidentes?
La palabra correcta es Accidentes. Sin Embargo Aczidentes se trata de un error ortográfico.
El Error ortográfico detectado en el termino aczidentes es que hay un Intercambio de las letras c;z con respecto la palabra correcta la palabra accidentes
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Accidentes en la wikipedia.
Sinonimos de Accidentes.
Errores Ortográficos típicos con la palabra Accidentes
Cómo se escribe accidentes o haccidentes?
Cómo se escribe accidentes o accidentez?
Cómo se escribe accidentes o aczidentes?
Algunas Frases de libros en las que aparece accidentes
La palabra accidentes puede ser considerada correcta por su aparición en estas obras maestras de la literatura.
En la línea 3577
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... En efecto, al atravesar la ciudad,ocu rrieron dos o tres accidentes de este género; pero Buckingham no vol vió siquiera la cabeza para mirar qué había sido de aquellos a los que había volteado. ...
En la línea 7270
del libro Los tres mosqueteros
del afamado autor Alejandro Dumas
... Y con paso ágil, el ojo avizor, observando los movimientos del ene migo, ayudándose con todos los accidentes del terreno, D'Artagnan llegó hasta el segundo soldado. ...
En la línea 3062
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Porque ya se sabe que la hermosura de algunas mujeres tiene días y sazones, y requiere accidentes para diminuirse o acrecentarse; y es natural cosa que las pasiones del ánimo la levanten o abajen, puesto que las más veces la destruyen. ...
En la línea 3186
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Todo es peregrino y raro, y lleno de accidentes que maravillan y suspenden a quien los oye; y es de tal manera el gusto que hemos recebido en escuchalle, que, aunque nos hallara el día de mañana entretenidos en el mesmo cuento, holgáramos que de nuevo se comenzara. ...
En la línea 6194
del libro El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha
del afamado autor Miguel de Cervantes Saavedra
... Don Quijote, que lo vio, llegándose a ellas, dijo: -Ya sé yo de qué proceden estos accidentes. ...
En la línea 2437
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... te país presenta una ventaja natural inmensa; y es que no pueden morir de hambre sus habitantes: ya he dicho que todo el país está cubierto de helechos; pues bien, si las raíces de esta planta no son un alimento muy agradable, por lo menos contienen muchos principios nutritivos; por lo cual puede un indígena estar seguro de no morirse de hambre, alimentándose con esas raíces y con conchas, que abundan en extremo en todas las regiones de la costa. todas las aldeas lo primero que se ven son unas plataformas sostenidas en cuatro postas1 y a 10 ó 12 pies sobre el suelo, donde se colocan las cosechas para ponerlas al abrigo de toda clase de accidentes. ...
En la línea 2915
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... s pruebas que acabo de dar de la destrucción accidental de los corales vivos responden victoriosamente a las dos objeciones. aquí, en pocas palabras, la historia de esos grandes anillos de coral desde su origen, pasando por los cambios que experimentan, por los accidentes que pueden interrumpir su existencia, hasta su muerte y su desaparición final. ...
En la línea 3095
del libro Viaje de un naturalista alrededor del mundo
del afamado autor Charles Darwin
... ... ras privaciones, que al principio no se sienten, producen pronto un gran vacío alrededor nuestro: la falta de una habitación independiente, donde poder descansar y recogerse; la sensación de prisa permanente; la privación de ciertas comodidades, la ausencia de la familia, la absoluta falta de música y de otros placeres que distraen la imaginación. hay para qué decir, al hablar de cosas tan insignificantes, que se está habituado ya a las molestias reales de la vida de marino y que no se teme ya nada a excepción de los accidentes propios de la navegación. estos sesenta últimos años se han hecho, en realidad, mucho más fáciles los viajes lejanos. tiempo de Cook, el que dejaba su casa para emprender tales expediciones se exponía a las más duras privaciones ...
En la línea 6184
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Por la mañana había ido a casa de Quintanar, quien se paseaba por su despacho en mangas de camisa, con los tirantes bordados colgando: representaban, en colores vivos de seda fina, todos los accidentes de la caza de un ciervo fabuloso de cornamenta inverosímil. ...
En la línea 9344
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... El contraste de los cuidados vulgares, insignificantes; de la alcoba estrecha y llena de una atmósfera pesada; de la vida monótona de casa, con los grandes intereses de la Europa, la guerra de Rusia, el aire libre, la última zarzuela, encantaba a don Víctor, que llevaba la conversación a cosas frescas, grandes y de muchos accidentes. ...
En la línea 9611
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Además ¿qué le importaban a don Pompeyo estos accidentes del nacimiento? Su inteligencia andaba siempre por más altas regiones. ...
En la línea 14138
del libro La Regenta
del afamado autor Leopoldo Alas «Clarín»
... Pienso poco, vagamente, y los pormenores de los accidentes ordinarios que me rodean absorben lo mejor de mi atención. ...
En la línea 1215
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Esto no era una especialidad del tiempo de los Borgias. En el siglo xv, robos y asesinatos figuraron como accidentes ordinarios en la vida romana, y así continuó ésta bajo los pontificados siguientes. ...
En la línea 1702
del libro A los pies de Vénus
del afamado autor Vicente Blasco Ibáñez
... Era igualmente víctima de la fiebre, agravada por violentos accidentes terciarios de la sífilis, enfermedad contraída tres años antes, a mediados de 1500. El antifaz negro que llevaba al principio, por afición a la vida misteriosa y deseo de pasar inadvertido, le resultaba ya necesario para ocultar los estragos de su cara. El principe rubio, y bello, reputado como el más hermoso señor de Roma tenía el rostro violáceo, cubierto de erupciones cutáneas. Su epidermis se había oscurecido. Sus narices empezaban a ser achatadas, y muy anchas acrecentando esta repentina fealdad la horrible leyenda que envolvió los últimoh años de César. ...
En la línea 152
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... Diez meses pasaron de esta manera, Barbarita interrogando a Estupiñá, y este no queriendo o no teniendo qué responder, hasta que allá por Mayo del 70, Juanito empezó a abandonar aquellos mismos hábitos groseros que tanto disgustaban a su madre. Esta, que lo observaba atentísimamente, notó los síntomas del lento y feliz cambio en multitud de accidentes de la vida del joven. Cuánto se regocijaba la señora con esto, no hay para qué decirlo. Y aunque todo ello era inexplicable llegó un momento en que Barbarita dejó de ser curiosa, y no le importaba nada ignorar los desvaríos de su hijo con tal que se reformase. Lentamente, pues, recobraba el Delfín su personalidad normal. Después de una noche que entró tarde y muy sofocado, y tuvo cefalalgia y vómitos, la mudanza pareció más acentuada. La mamá entreveía en aquella ignorada página de la existencia de su heredero, amores un tanto libertinos, orgías de mal gusto, bromas y riñas quizás; pero todo lo perdonaba, todo, todito, con tal que aquel trastorno pasase, como pasan las indispensables crisis de las edades. «Es un sarampión de que no se libra ningún muchacho de estos tiempos—decía—. Ya sale el mío de él, y Dios quiera que salga en bien. ...
En la línea 166
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... El paso de esta situación fraternal a la de amantes no le parecía al joven Santa Cruz cosa fácil. Él, que tan atrevido era lejos del hogar paterno, sentíase acobardado delante de aquella flor criada en su propia casa, y tenía por imposible que las cunitas de ambos, reunidas, se convirtieran en tálamo. Mas para todo hay remedio menos para la muerte, y Juanito vio con asombro, a poco de intentar la metamorfosis, que las dificultades se desleían como la sal en el agua; que lo que a él le parecía montaña era como la palma de la mano, y que el tránsito de la fraternidad al enamoramiento se hacía como una seda. La primita, haciéndose también la sorprendida en los primeros momentos y aun la vergonzosa, dijo también que aquello debía pensarse. Hay motivos para creer que Barbarita se lo había hecho pensar ya. Sea lo que quiera, ello es que a los cuatro días de romperse el hielo ya no había que enseñarles nada de noviazgo. Creeríase que no habían hecho en su vida otra cosa más que estar picoteando todo el santo día. El país y el ambiente eran propicios a esta vida nueva. Rocas formidables, olas, playa con caracolitos, praderas verdes, setos, callejas llenas de arbustos, helechos y líquenes, veredas cuyo término no se sabía, caseríos rústicos que al caer de la tarde despedían de sus abollados techos humaredas azules, celajes grises, rayos de sol dorando la arena, velas de pescadores cruzando la inmensidad del mar, ya azul, ya verdoso, terso un día, otro aborregado, un vapor en el horizonte tiznando el cielo con su humo, un aguacero en la montaña y otros accidentes de aquel admirable fondo poético, favorecían a los amantes, dándoles a cada momento un ejemplo nuevo para aquella gran ley de la Naturaleza que estaban cumpliendo. ...
En la línea 5301
del libro Fortunata y Jacinta
del afamado autor Benito Pérez Galdós
... En cuanto vio venir a su sobrina, cogió de encima de la mesilla una llave enorme, que parecía la llave de un castillo, y alargándosela le dijo que subiera a la casa si quería. Las otras dos tiorras miraron a la joven con descarada curiosidad. A una de ellas la conocía Fortunata, a la otra no. Sentose un momento en una banqueta que le ofrecieron, porque estaba cansada; pero sintiéndose molesta por las preguntas impertinentes de las amigas de su tía, subió al cuarto que debía de ser su albergue… hasta sabe Dios cuándo. Aquel barrio y los sitios aquellos éranle tan familiares, que a ojos cerrados andaría por entre los cajones sin tropezar. ¿Pues y la casa? En ella, desde el portal hasta lo más alto de la escalera de piedra, veía pintada su infancia, con todos sus episodios y accidentes, como se ven pintados en la iglesia los Pasos de la Pasión y Muerte de Cristo. Cada peldaño tenía su historia, y la pollería y el cuarto entresuelo y después el segundo tenían ese revestimiento de una capa espiritual que es propio de los lugares consagrados por la religión o por la vida. «¡Las vueltas del mundo!—decía dando las de la escalera y venciendo con fatiga los peldaños—. ¡Quién me había de decir que pararía aquí otra vez!… Ahora es cuando conozco que, aunque poco, algo se me ha pegado el señorío. Miro todo esto con cariño; ¡pero me parece tan ordinario… ! Aquellas dos tiburonas… ¡qué tipos!, pues ¿y mi tía?… ». ...
En la línea 545
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... -Señor, sin duda ignora usted las discusiones que ha suscitado en América y en Europa. Tal vez no sepa usted que diversos accidentes, provocados por el choque de su aparato submarino, han emocionado a la opinión pública de ambos continentes. No le cansaré con el relato de las innumerables hipótesis con las que se ha tratado de hallar explicación al inexplicable fenómeno cuyo secreto sólo usted conocía. Pero debe saber usted que al perseguirle hasta los altos mares del Pacífico, el Abraham Lincoln creía ir en pos de un poderoso monstruo marino del que había que librar al océano a toda costa. ...
En la línea 2396
del libro Veinte mil leguas de viaje submarino
del afamado autor Julio Verne
... Pero la observación de esos especímenes de la fauna marina no me impedía examinar las largas llanuras de la Atlántida. A veces, los caprichosos accidentes del suelo obligaban al Nautilus a disminuir su velocidad y a deslizarse, con la pericia de un cetáceo, por estrechos pasos entre las colinas. Cuando el laberinto se hacía inextricable, el aparato se elevaba como un aeróstato y, una vez franqueado el obstáculo, recuperaba su rápida marcha a algunos metros del fondo. Admirable y magnífica navegación que recordaba las maniobras de un paseo aerostático, con la diferencia de que el Nautilus obedecía sumisamente a la mano de su timonel. ...
En la línea 1596
del libro Grandes Esperanzas
del afamado autor Charles Dickens
... Es verdad – replicó, - y voy a hacerlo inmediatamente. Permítame que antes le dirija una observación, Haendel, haciéndole notar que en Londres no es costumbre llevarse el cuchillo a la boca, tal vez por miedo de accidentes, y, aunque se reserva el tenedor para eso, no se lleva a los labios más de lo necesario. ...
En la línea 206
del libro Amnesia
del afamado autor Amado Nervo
... »El doctor Wilde recuerda de un estudiante de Medicina, alumno de la Salpetriere, quien, para preparar su tesis sobre el fenómeno referido (Paramesis ou fausse reconnaissance) publicó en 1897 un cuestionario de 36 artículos, con el fin de saber en qué circunstancias físicas y morales y con ocasión de qué accidentes las personas que le respondieran habían experimentado esa extraña impresión, en virtud de la cual, el mismo hecho se les había presentado como pasado y presente al propio tiempo, teniendo ellas además la clara visión de lo que iba a suceder, como si lo recordaran de golpe (cita a Dickens). ...
En la línea 536
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... A las dos, el guía entró bajo la cubierta de una selva espesa, que debía atravesar por un espacio de muchas millas. Prefería bajar así a cubierto de los bosques. En todo caso, no había tenido hasta entonces ningún encuentro sensible, y el viaje debía cumplirse al parecer sin accidentes, cuando el elefante, dando algunas señales de inquietud, se paró de repente. ...
En la línea 1416
del libro Julio Verne
del afamado autor La vuelta al mundo en 80 días
... En el lago Salado era donde el trazado llegaba a su más alto punto de altitud. Desde aquí su perfil describía una curva muy prolongada, que bajaba hacia el valle de Bitter- Creek, para remontarse hasta la línea divisoria de las aguas entre el Océano y el Pacífico. Los ríos eran numerosos en esta region montuosa. Hubo que pasar sobre puentes el Muddy, el Gree y otros. Picaporte se había tornado más impaciente a medida que se acercaba el término del viaje, y Fix, a su vez, hubiera querido haber salido ya de aquella región extraña. Temía las tardanzas, recelaba los accidentes, y aún tenía más prisa que el mismo Phileas Fogg en poner el pie sobre la tierra inglesa. ...

El Español es una gran familia
Te vas a reir con las pifia que hemos hemos encontrado cambiando las letras c;z
Reglas relacionadas con los errores de c;z
Las Reglas Ortográficas de la Z
Se escribe z y no c delante de a, o y u.
Se escriben con z las terminaciones -azo, -aza.
Ejemplos: pedazo, terraza
Se escriben con z los sustantivos derivados que terminan en las voces: -anza, -eza, -ez.
Ejemplos: esperanza, grandeza, honradez
La X y la S

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